“Qué nos pasa que miramos el monte y no lo vemos”

AMBIENTE | martes 15 de mayo de 2018


La palabra del naturalista y conservacionista Juan Carlos Chébez, en una charla que brindó en el 2009 en Puerto Rico (Misiones) y que están tan vigentes como entonces. Este 15 de mayo se cumplen siete años de su fallecimiento, y queremos recordarlo con algunos de sus conceptos que compartió en ese coloquio:

 

“¿Cuál es el problema número uno de las especies que se extinguen?

“El problema número uno es que se les transforma el ambiente; si las especies tienen su casa, siguen estando, tienen donde refugiarse, pero si le cambiamos la casa, el hogar, el hábitat, no tienen escapatoria, se terminan extinguiendo.

Esto es mucho más grave que la caza, que todo el mundo suele decir que es el principal problema; si tienen refugio, hay grandes chances de que subsistan y Misiones es un clarísimo ejemplo de ello, es una provincia cazadora, por atavismo como decía Andrés Giai, el  misionero caza por atavismo… ha mejorado bastante pero se sigue cazando y el bicherío va a seguir mientras esté el Corredor Verde, mientras esté la Selva.

La Selva tiene un detalle que obliga a ser cuidadoso: hay mucha diversidad, hay mucha variedad de cosas, pero hay poca cantidad de cada cosa. Esa es una Ley de la Selva. Entonces, la fauna no es inagotable; uno caza y por varios meses mejor no volver a ese lugar para que se recomponga. Solo guardando un fragmento grande de la Selva hay posibilidad de que esos animales cazados subsistan, como el venado, los chanchos de monte, el acuti, la paca… cuento esto porque a pesar de ser ambientalista no me asusta hablar de la casa; yo aprendí mucho con los cazadores, con  los montaraces, con gente que convivió y vivió del monte, que su fuente de proteínas era la carne de monte y de ahí salió información de primera mano para los biólogos”.

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“El monte es todo remedio. Lo que pasa es que el que no sabe, mira y no ve nada.

“Esto me lo dijo un indio. Y realmente, esos remedios y la ortiga brava, que para nosotros es una planta molesta que nos pincha, para los Caingangues era fibra textil.

Los Caingangues eran indígenas que estaban en guerra permanente con los Mbyá. Cuando (Juan Bautista) Ambrosetti viene, a fines del siglo pasado, a estudiar a los Cainguás o Mbyá, nos los encuentra en Misiones, estaban en Paraguay porque no querían saber nada con los Caingangues…

El Pacto de la Selva que firma Bonifacio Maidana , el último de los Caingangues, significa el fin de la Selva. Cuando él pacta con el blanco y deja entrar al descubiertero, el hombre penetra hasta San Pedro a sacar la yerba y algo más, después la madera… y qué quedó de los Caingangues… un museo en San Pedro que lleva su nombre.

El estudio que hizo Ambrosetti de estos indígenas hoy es consultado por Brasil, que los tenían en mayor número que nosotros porque les gustaba la zona alta y en el Planalto brasileño vivían muy bien.

Hay un mundo Caingangue que trabajaba la ortiga brava; y la misma planta ustedes saben que conserva agua en su tallo, así que para el montaraz no es un yuyo molesto, es providencial : si uno se pierde dando vueltas en el monte y tengo ortiga brava, tengo qué tomar: le saco las espinas, abajo en el tallo como para que por gravedad, de un tajo rápido, pongo la boca y me baje el agua a la boca. Eso lo sabe el montaraz.

Ese caño está compuesto de fibras textiles.  Ambrosetti anotó todo esto; él se llevó una prenda que tejían los Caingangues y está en el Museo Etnográfico de Buenos Aires, así que se puede ir a copiar y hacer, es artesanía… es un rescate arqueológico y bibliográfico.

Tenemos que aprender todo esto, porque todo está relacionado y una cosa lleva a la otra… se desconocen muchos de estos asuntos. Hay mucho recurso en el monte.

¿Por qué hay una industria de dulces caseros en Bariloche con plantas traídas de otros lugares del mundo? Y en el país de las frutas silvestres no podemos desarrollar la modalidad de dulce misionero, dulces de Pitanga, Jaboticaba , Mora, Guabiroba. Ubajai,  Guaporutí, Aratikú, Cocú, Yacaratiá… todo eso se come y lo saben los gurises de la chacra. ¿Qué nos pasa que no podemos ver la Selva como si la ve el indígena?, ¿por qué con tanta rapidez condenamos la Selva y ponemos un pinal, donde todo es igual, aburrido, silencioso, cuando podemos tener otras alternativas de uso?”.

 

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“Hay que salvar los retazos de la naturaleza que queden cerca”

 

“Como una hectárea que me tocó ver hoy (en Puerto Rico) cerca de la ruta nacional 12, que me enteré con alegría que lo compró el Municipio y que estuvimos hablando para que se declare Parque Municipal; es un arboretum natural, no hay que plantar ni tocar nada, en las Reservas se valora intervenir lo menos posible, y mostrar la variedad de cosas que hay en una hectárea de Selva”.

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Reservas Municipales, aliadas del sector turístico

 

“El otro tema: Monte Seguín, un manchón al sur de Puerto Rico, de 300 hectáreas, sobre el río Paraná.

 

Cuando hicimos el Corredor Verde hicimos una gran cosa, pero condenamos sin querer el Valle del Paraná.

 

El Valle del Paraná fue siempre una calle distinta, con especies animales y vegetales que solo se mueven por este Valle. Tenemos que dejar pedazos de la barranca del Paraná como era para, entre otras cosas, ver cómo fue esto de poblar Misiones, cómo era cuando llegaron los primeros colonizadores.

 

Ahí está la “Tacuara Paraná” o “Tacuaruzú”, el verdadero “Tacuaruzú”, no el de monte adentro que es más chico y se arquea, este es recto y alto. Las cañas, como ustedes saben, tienen floraciones cada 40 años y se secan por completo, y vuelven a salir abajo, porque el banco de semillas queda abajo y se activa cuando entra luz. Hay toda una fauna que vive en los tacuarales.

 

En Monte Seguín hay una tasa de renovales impresionante y tiene el Pacurí, este árbol que da un fruto fragante como el durazno, con el que se encarnaba para sacar el pacú.. Pacú – Rí… la comida del Pacú.

De concretarse, sería un Parque Municipal más grande que muchos Parques Provinciales, sería una tractivo para el turista que sube a conocer las Cataratas o viene a conocer las Ruinas Jesuíticas, ya que está a mitad de camino…

 

Esto es tener visión estratégica del ecoturismo tan mentado, del que tanto se habla y que no va a cambiar mientras Misiones siga condenada al polo San Ignacio e Iguazú rápido, rápido… hemos hecho un Sistema de Áreas Protegidas no sólo para conservar la flora y la fauna autóctona, sino para tener al turista un mes dando vueltas por la provincia y con ganas de volver, para que pueda venir por la ruta 12 o por la ruta 14 parando en diferentes localidades, para un buen descanso y para que pueda conocer y maravillarse con estos recursos de la naturaleza”.

 

Palabras de Juan Carlos Chébez, en una charla que brindó en el año 2009 en Puerto Rico, Misiones. Fuente: Programa Pespectiva / Julio Stang.