Woolf en dos ensayos

| jueves 12 de abril de 2018


Me encuentro diciendo breve

y prosaicamente que lo más importante

es ser una misma. Piensen en la cosa en sí.”

Virginia Woolf

(Un cuarto propio, 1956)

Por Natalia Aldana*

En la vorágine de nuestra contemporaneidad y a la deriva en la marea de decisiones individuales y colectivas, propuestas socioculturales, ideológicas y políticas feministas conviene que las agentes sociales que somos asomemos y realicemos nuestras propias relecturas históricas. A la luz de las transformaciones que estamos experimentando como sociedad Woolf (1882-1941) es una coordenada bibliográfica más, es un faro revisitado continuamente.

Su escritura (ficción y ensayo) interpela una época, interviene en un contexto inglés ponderando la imagen de mujer que para ese comienzo de siglo significó grandes batallas dentro y fuera de la esfera privada. Personalmente, releer a Woolf significa revisar la escritura de una mujer burguesa, inteligente, poderosa con su pluma y un personaje conflictivo para sí misma y su contemporaneidad. Detrás de esta descripción está Woolf escritora.

Como en una propuesta de mirarse dentro de los parámetros de su condición en sí, sin caer en la autobiografía, Virginia Woolf delinea en sus dos ensayos Tres guineas (1938) y Un cuarto propio (1956) una suerte de radiografía sobre la posición social de la mujer a principios de siglo XX. En ambas obras la escritora inglesa investiga en los anaqueles literarios (biografías, lírica y drama) y a modo de relectura del pasado sentencia un panorama de limitaciones y censuras en la intervención de la mujer como figura social activa en sus ámbitos políticos, económicos y artísticos en una sociedad de hombres civiles, educados y anglosajones.

Al mismo tiempo, en ambas obras ensaya una suerte de imagen del ser de la escritura (femenino) configurando una suerte de ruta histórica y sociológica del arte en manos de las mujeres. El recorrido es sumamente personal y la elección de personajes literarios es arbitraria, y aun así, ejemplifica con claridad los espacios de poder y los presupuestos respecto del trabajo de la mujer en las letras.

Además, realiza un seguimiento sobre el costo de vida y los sueldos de los hombres educados, que le permite una fuerte crítica a los parámetros establecidos y las diferencias salariales que perjudican a las mujeres en los ámbitos laborales. Luego, citando las palabras de personajes (hombres) influyentes de la sociedad inglesa, expone la discriminación que recae sobre la mujer al dar cuenta de su participación en la esfera pública, a quien se le otorga públicamente la esfera de lo privado para su desempeño social (ama de casa, madre, hija, sobrina. nieta). (CF. TRES GUINEAS. 1938)

Por ejemplo en Un cuarto propio escribe: “La independencia intelectual depende de cosas materiales.”; y la misma postura se desarrolla en la obra Tres guineas, porque argumenta que la solvencia económica tendría como consecuencia, no solamente, la independencia del patronazgo, sino también, la libertad en la elección de vida, en la toma de decisiones y en la construcción de un pensamiento independiente. (PG.105)

En tal caso, en Tres guineas, retoma la polémica sobre la desigualdad social producto de un proceso histórico instaurado en el imaginario social, que reproduce mecanismos coercitivos, y eso lo expone por medio de la utilización de preguntas retóricas. Es decir, que prevalece y se reproduce un discurso -a nivel simbólico-ideológico- de censuras y limitaciones inmanente al accionar social, que sustenta la práctica de decisiones políticas que materializan la desigualdad monetaria entre sexos. Material de discusión que llega a nuestros días, porque se continúa cuestionando las diferencias y se exige una fórmula de análisis que resuelva hasta ahora “lo imposible”: revisar sus tablas de ponderación y colocar un grado de equidad sobre ellas.

Si revisamos Woolf observamos que por medio del ensayo se otorga la licencia de combinar aspectos literarios y políticos construyendo un discurso polémico con matices irónicos. Así destaca tres hechos indiscutibles en Tres guineas:

El primero es que las hijas de los hombres educados reciben muy poca paga(…)por sus servicios públicos; el segundo es que no se les paga nada de los fondos públicos por sus servicios privados, el tercero es que su parte de los ingresos del marido no es una parte de carne y hueso sino una participación espiritual o nominal…” (PG 94)

Por este registro epocal Virginia Woolf es considerada por su exégesis como quien deja de lado el tono autobiográfico en sus matices poéticos y revé el papel de la mujer en la sociedad inglesa de principio de siglo. Vértice que sustenta con la propuesta de un cambio radical en la “doxa” de los ingleses. Las consideraciones acerca de la presencia femenina y lo que realmente se observa en la práctica de usos y hábitos cotidianos está subrayado constantemente en ambas producciones; por ejemplo en Un cuarto propio advierte:

“…las mujeres han sido siempre pobres. (…)Las mujeres han tenido menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres, por consiguiente, no han tenido la menor oportunidad de escribir poesía. He insistido tanto por eso en la necesidad de tener dinero y un cuarto propio.” (PG. 105)

Desde esta perspectiva se podría reconocer a Woolf como la autora que instala la duda y por ende la polémica sobre libertades, igualdad de condiciones y posibilidades laborales que la sociedad tiene destinado a la mujer. Ya que como ella misma refiere en Tres guineas

Porque ayudar a las mujeres a ganarse la vida en las profesiones es ayudarla a poseer esa arma de la opinión independiente que es todavía su arma más poderosa. Es ayudarla a tener una mente propia y una voluntad propia…” (WOOLF, 1938, 95)

En el caso de Un cuarto propio manifiesta:

Escribir lo que uno quiere escribir, es lo único que importa, y que eso importe por siglos o por horas, es lo de menos.”; y agrega: “…es preciso tener quinientas libras al año y un cuarto con una cerradura en la puerta si quieren escribir novela o verso.” (CF. PG 102-103)

El poder de hacer, es un poder que se adquiere en los aspectos de legitimación simbólica (combinación de aspectos culturales y económicos) esa transformación es hoy en día una discusión en todos los niveles y esferas sociales.

De este modo, Woolf promueve una búsqueda incansable de construcción del ser humano en sus particularidades. Debemos hacer la tarea de posicionarnos y pensar que en ese inicio del siglo XX hubo que construir ante la nada misma discursos en los ámbitos intelectuales (literarios), que muestren la solvencia y de este modo legitimen la participación femenina. Y a su vez, se debían producir discursos políticos que polemizaran y reflexionaran sobre esa misma participación. Por ello, es menester pensar que Woolf erige un espacio discursivo integrador desde donde insta a la capacitación y al desenvolvimiento laboral de la mujer. Revisar a Woolf debe ser una ruta concurrida, desde las diferencias y desde las coincidencias su visión de la mujer en estado de situación es adelantada para su época.

*Es Licenciada en Letras.

OBRAS LITERARIAS

-WOOLF, Virginia: Tres guineas. Bs. As. Editorial Sudamericana. 1979.

– : Un cuarto propio. Bs. As. Editorial Sur. 1980.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

-BARTHES, Roland: El placer del texto y Lección inaugural. Bs. As. Siglo XXI. 2003.

-CIPLIJAUSKAITÉ, Biruté: La novela femenina contemporánea. (1970-1985). Una tipología de la narración en primera persona. Barcelona. Anthropos. 1988.

-HEKER, Liliana: Las hermanas de Shakespeare. Bs. As. Alfaguara. 1999.

-LE GUIN, Úrsula y GORODISCHER, Angélica: Escritoras y escritura. Feminaria. Bs. As. 1989.