Más gobernadores llamados Carlos que mujeres gobernadoras

ARGENTINA, DERECHOS, GÉNEROS, POLÍTICA | viernes 8 de marzo de 2019


Por Mercedes D’Alessandro, Emilia Cerra y Andrés Snitcofsky

El 2019 comienza sin ninguna mujer presidenta en toda América Latina. Tampoco en Estados Unidos o Canadá. A nivel mundial, ellas son solo el 10 por ciento de las jefas de Estado. Según el informe de brechas de género del World Economic Forum de 2018, aún en este contexto, Argentina es de los países más igualitarios en términos de “empoderamiento político”, ocupando el lugar número 23. Esta categoría considera la participación de las mujeres en los parlamentos, en los gabinetes de ministres y los años de mandato como jefa de Estado. Gracias a la ley de cupo que se aprobó en 1991, nuestro país cuenta con una representación parlamentaria que supera en 17 puntos porcentuales al promedio mundial calculado en 23 por ciento: 40 por ciento de las bancas del Congreso y el Senado están ocupadas por mujeres. Además, Argentina tuvo dos presidentas en los últimos 50 años: Isabel Martínez de Perón y Cristina Fernández de Kirchner.

El lugar en el ranking podría ser más alto si no fuera por la escasa participación de las mujeres en los gabinetes. Como se menciona en el artículo Panorámica de la cúpula del Estado, “Hay más ministros llamados Juan que mujeres ministras en la historia de la Argentina. Desde 1983, sólo hubo 16 mujeres en este cargo en diferentes gobiernos, con 154 ministros varones que se sucedieron.” Cuando Mauricio Macri asumió el gobierno en diciembre de 2015, 3 mujeres (Patricia Bullrich, Susana Malcorra y Carolina Stanley) y 20 varones lo acompañaban en su gabinete. A 5 meses de las elecciones en que intentará renovar su mandato, el porcentaje de ministras aumentó en términos porcentuales pero disminuyó en términos absolutos. Susana Malcorra dejó su cargo en mayo de 2017 y en septiembre del 2018 Macri redujo a la mitad las carteras de su administración como muestra de austeridad cuando entró en escena el Fondo Monetario Internacional.

Sin embargo, el lugar de Argentina en el ranking de empoderamiento mundial contrasta fuertemente con lo que sucede puertas adentro. En la Argentina hubo más gobernadores llamados “Carlos” que gobernadoras mujeres. Ellas son tan solo 8 en toda la historia y la mitad llegó al poder después de 2012.

 

La primera mujer que ocupó el cargo de gobernadora fue María Alicia Lemme, que ejercía como vice en San Luis y se hizo cargo de la provincia cuando Adolfo Rodríguez Saá se convirtió en Presidente de la Argentina por 8 días, en diciembre de 2001. Recién en 2015, y por primera vez en la historia, 5 mujeres gobernaban provincias al mismo tiempo. Ellas son Lucía Corpacci (Catamarca), Claudia Ledesma Abdala (Santiago del Estero), María Eugenia Vidal (Buenos Aires), Rosana Bertone (Tierra del Fuego, que sucedió a Fabiana Ríos) y Alicia Kirchner (Santa Cruz). Entre las 8 gobernadoras suman 36 años de mandato. Gildo Insfrán es gobernador de Formosa hace 24 años y fue vice durante 8, después de ser diputado por 4. Su gabinete no incluye mujeres*. Este único varón tiene una antigüedad semejante en sus cargos a la de todas ellas juntas.

Si consideramos solamente el listado de gobernadores y gobernadoras desde 2001, ellas representan menos del 10 por ciento de quienes accedieron al poder provincial y podemos decir también, que no hubo ninguna gobernadora en la Argentina en todo el siglo XX.

Sin embargo, como se suele decir, “el poder no derrama” y ser mujer gobernadora no garantiza paridad en los gabinetes ni perspectiva de género en las políticas públicas. Tanto Vidal como Corpacci gobiernan con gabinetes compuestos enteramente por varones. Hace no mucho, le preguntaron a Vidal por qué no había mujeres en su gabinete, a lo que respondió: “Porque cuando armé mi equipo, y tanto en el Ministerio de Desarrollo Social como en la vicejefatura, cuando estaba en la Ciudad, la mayor parte de mi equipo eran mujeres. Todas crecieron tanto que ocuparon cargos en el gobierno nacional, en el de la Ciudad, y en muchos casos tuve que volver a empezar. Hoy empieza a haber ya en la segunda línea de la Provincia muchas mujeres que yo creo que están para crecer. Creo que es cuestión de tiempo que ocupen más lugares.” Lo extraño es que cuando se revisa hacia arriba en las estructuras no hay tantas mujeres que hayan “crecido” y, al parecer, 3 años de gobierno todavía no rinden frutos en las segundas líneas. Pero no es algo que sólo suceda en la Provincia de Buenos Aires. La maduración tampoco llegó a Tierra del Fuego, en donde Bertone tiene en su equipo tan solo 3 mujeres o Abdala Ledesma que encontró sólo 4 para acompañarla. Menos aún es una cuestión aislada: en Córdoba y Formosa tampoco parece haber mujeres maduras que se hagan cargo de una cartera. Entre Ríos (60%), Santa Cruz (43%) y Mendoza (40%) son las  provincias en donde hay mayor presencia de mujeres en el gabinete. San Luis es la única provincia con gabinete paritario. Cuando se observan estos gabinetes, los tres son sumamente reducidos en comparación con el resto de las provincias. Mendoza tiene 4 cargos ministeriales, mientras que Entre Ríos tiene 5 y Santa Cruz, 7. El promedio en todo el país es de 9 ministros por gabinete provincial.

Otra cuestión que merece ser tenida en cuenta es que, de las 42 ministras totales en todo el país (que representan el 19 por ciento de los cargos), 9 están a cargo de Desarrollo Social, 12 de Educación y 9 de Salud. Es decir, el 71% por ciento de ellas se ocupa de áreas que, en cierto modo, son una extensión de las tareas feminizadas y relativas a los cuidados. No hay en todo el país una sola ministra de Agricultura, de Industria o de Deportes. Vale señalar que sí hay 4 en el área de Ciencia, Tecnología e Innovación. Entre ellas se encuentra Erica Hynes (Santa Fe), quien presentó en 2018 un Plan estratégico de género para incentivar la participación de las mujeres en ciencia. A su vez, está organizando el primer congreso nacional de ciencia y género de la Argentina. Cuando todavía existía el Ministerio de Ciencia, tecnología e innovación productiva a nivel nacional y Lino Barañao era el ministro, no había mujeres en su equipo de trabajo.

La presencia mayoritaria de varones se hace más evidente cuando se pone la lupa sobre las ciudades. Según un relevamiento de la Asociación Civil Mujer y Gobierno, solo una de cada diez intendencias en todo el país está ocupada por una mujer. Santa Cruz y Tierra del Fuego, provincias gobernadas por mujeres, no tienen ninguna. De los 135 municipios de Buenos Aires solo 4 tienen una mujer al mando. Formosa, la tierra de Insfrán, está en el top 5 de las provincias con menos intendencias femeninas. Además de ser tan pocas, este porcentaje casi no se movió en la última década.

Las legislaturas provinciales también están cortas de mujeres

Este 2019 se llevará adelante la elección presidencial junto a las elecciones legislativas. Entrará en vigencia por primera vez la ley de Paridad (27.412) que fue votada en noviembre de 2017. Esta ley establece que el orden de los integrantes de las listas que se presentan a elecciones tienen que intercalar varones y mujeres de manera tal que haya la misma cantidad de cada uno. Además, 22 provincias elegirán gobernadores, más un jefe de gobierno en Ciudad de Buenos Aires. A su vez, se renovarán diversos cargos a nivel local.

Pero la Ley de Paridad tampoco derrama. Solo diez legislaturas provinciales tienen leyes para que las listas estén conformadas por la misma cantidad de candidatos varones y candidatas mujeres. Esto se manifiesta en la composición de las cámaras: de los 32 órganos legislativos, en 30 los varones son mayoría y en 12 las mujeres no superan el 30%.

Es curioso también que Catamarca, gobernada por una mujer, no tenga legisladoras mujeres y que en Santa Fé, provincia donde gobierna históricamente el progresismo, las legisladoras solo lleguen al 5%. Esto último indica que la falta de mujeres en los cargos, tanto ejecutivos como legislativos, es algo que se repite sistemáticamente, con independencia de los partidos políticos.

En todo este recuento de mujeres en cargos ejecutivos y legislativos hay grandes ausentes. Argentina es uno de los países con legislación más inclusiva respecto a los derechos de las personas LGBTTTQI+. Paradójicamente, y a pesar de las importantes conquistas de los últimos años como el matrimonio igualitario o la Ley de Identidad de género, todavía no han logrado conquistar la posibilidad de tener un camino político allanado. En 2018, el diputado del Movimiento Evita Leonardo Grosso aprovechó la Marcha del Orgullo para publicar —por primera vez— una foto dándose un beso con su novio y declarando: “Soy marica y siento orgullo.” El legislador porteño Maxi Ferraro de la Coalición Cívica es otro de los pocos legisladores que es abierto con respecto a su orientación sexual. De acuerdo al III Encuentro de Liderazgos Políticos LGBTI para América Latina y el Caribe, la cantidad de funcionarios públicos de diversas orientaciones sexuales ha crecido en la región. Argentina, sin embargo, se mantiene en la retaguardia de estos avances.

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Como se desprende de estos datos y de distintas experiencias políticas, ser mujer y ocupar un cargo de poder no garantiza impulsar la agenda de paridad, ni implementar políticas públicas con perspectiva de género. Esto quedó en evidencia, por ejemplo, durante el debate sobre la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo el año pasado, cuando muchas legisladoras demostraron su desconocimiento de los derechos de las mujeres, incluso haciendo gala de comentarios machistas y reproduciendo estereotipos sexistas. Sin embargo, lo que sí es cierto es que la presencia de mujeres tiene un efecto catalizador que permite que se amplíen los temas centrales del debate político feminista, y que también funciona como un estímulo para que otras se quieran volcar a la política. En la Argentina sobran ejemplos de cómo a partir de la entrada de las mujeres al Congreso de la Nación, impulsada por la Ley de Cupo del 30%, que ellas mismas consiguieron, se amplió la agenda legislativa y pudo abarcar cuestiones que están ligadas directamente con las necesidades más inmediatas de las mujeres, como la salud sexual y reproductiva, el parto, la lactancia, la violencia machista, el acoso, las diferentes formas de discriminación laboral, la trata, entre otros.
Desde la irrupción de Ni Una Menos en 2015 hasta hoy, hemos visto crecer las organizaciones de mujeres en todo el país, así como también hemos visto cómo todas estas cuestiones mencionadas —y otras como la brecha salarial o las licencias de paternidad— se impulsan desde estas movilizaciones y han entrado en la agenda de sindicatos, organizaciones sociales y también los órganos legislativos. Como decía Florentina Gómez Miranda, “si una mujer entra a la política, cambia la mujer, si muchas mujeres entran a la política, cambia la política”. En las próximas elecciones, con la ley de paridad puesta en marcha, tendremos la oportunidad de exigir compromisos y acciones para que estos debates dejen de ser simples slogans. ¿Cambiará la política?

Nota: *El gabinete de Insfrán tiene una mujer a cargo de la Secretaría general. En muchas provincias hay secretarías con rango de ministerio y viceversa. En este trabajo intentamos tomar los cargos de la manera más homogénea posible para facilitar la comparación, por lo que en este caso se considera como secretaría (que es lo que sucede en la mayoría de las provincias). En otra investigación podremos avanzar sobre este otro nivel en el cual vemos mayor participación de mujeres que en el de Ministerios.

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