La Industria Editorial sufrió una caída del 20%

CONSUMO, CULTURA | domingo 20 de mayo de 2018


Según la Cámara Argentina de Publicaciones la venta de libros no ha crecido respecto del año pasado. En cuanto a la compra de libros por parte del Estado, en el 2015, se registró una inversión de 8.600.000 libros y recién en el 2017,  Cambiemos  compró apenas unos 3.600.00 ejemplares. Otro dato que preocupa es la gran caía del 20%  que sufrió el sector en estos dos últimos años.  Las razones van desde lo cultural hasta lo económico.

La Cámara Argentina de Publicaciones presentó un informe estadístico sobre la realidad editorial del país en “El Libro Blanco de la Industria Editorial Argentina“.  En una entrevista radial (FM Radio Más) su presidente, Rodolfo Reyna,  advirtió que “el mercado editorial mundial está en un proceso de cambio, debido a múltiples factores.  Es difícil a veces decir, cuánto de la caída del consumo es por la política económica o es, realmente, un espejo de lo que está pasando internacionalmente. La compra por Internet también ha producido un efecto sobre este proceso de cambio. El lector de hoy no es el mismo lector que de hace unos años atrás”, admitió Reyna.

El libro vs e-book

La pregunta es siempre la misma, ¿será el libro – en su soporte papel –  reemplazado por otros formatos? “Hay una tendencia mundial que sirvió para que aparezcan estas plataformas electrónicas, lo cual no quiere decir que se termina la lectura en el libro papel. El libro papel no desaparece, la mayoría de los libros que se leen en el mundo, se leen en papel. Hay que entender que el papel es un formato y el e-reader, es otro”,  afirmó el presidente de la CAP.

Pero además, hay otros tipos de cambios, que las editoriales deben afrontar, “el libro papel no sólo compite con el electrónico, sino que, compite con otras selecciones de consumo cultural. Netflix, por ejemplo, ocupa mucho tiempo en nuestra vida, ¿cuánto tiempo libre queda para leer, después de haber visto las dos series que más te gustan? Hay una competencia por nuestro tiempo, también”, reflexionó Reyna.

Cantidad de librerías por habitantes, según la última edición del Libro Blanco del año 2017

La caída de ventas y el rol del Estado

En cuanto a las caídas registradas en el 2016, parecieran no profundizarse, “lo que hemos visto en estos primeros meses del año 2018, que esta caída muy grande, que se produjo en el 2016 (en ese año la venta de libros en papel en la Argentina había caído un 15%, en el 2017 cayó un 5%), pareciera haber tocado un piso”. Quizás parte de esta permanencia se debe a que el precio del libro no aumentó, “los precios relativos de los libros no han aumentado al ritmo de la inflación. Lo cual sí produce una problemática para las librerías. Las librerías tienen los incrementos por inflación, pero no los libros”.

Dentro de la cadena del mercado editorial, hay dos actores: la librería y el editor. Es por ello que “cuando las compras estatales bajan, sólo afectan al editor y no a la librería”, aclaró Reyna y cometó que en el año 2017 el estado volvió a comprar libros, después de un año sin hacerlo y esperan que “este año también haya compra de libros de literatura complementaria”. Volviendo a las estadísticas, en el 2017 el gobierno compró menos de la mitad de lo que había comprado en el 2015, en la anterior gestión (de 8.600.000 a 3.600.00).

La Feria Internacional del Libro como termómetro

Un ámbito de percepción de la realidad, es la Feria del Libro en Buenos Aires. Rodolfo, quien participó de la misma, habló con los diferentes stands para ver cómo han sido las ventas, “este año ha mermado la visita del público. La feria siempre se ha vivido como una fiesta, es una muestra única y este año no crecimos”. Pero con cierta mirada positiva, plantea que el sector vive tiempos de cambio y que la industria debe adaptarse a ellos. “Los mercados, el negocio y los editores, las imprentas, las librerías, los distribuidores, todos tenemos que adaptarnos a los vientos de cambio”.

Leer en tiempos de inflación e Internet 

Para analizar esta cuestión, debemos tener en cuenta dos aspectos: el cambio cultural de nuestras prácticas de lectura; y la realidad económica que atraviesa el país. Si bien, los costos de los libros no se vieron “afectados”, lo que si varió es el valor adquisitivo del sueldo. Entonces, parte del dinero que se destinaba a estos productos, hoy son destinados al pago de los servicios, la comida, el alquiler, la vestimenta. Y por estas mismas razones, quien encare un negocio así, deberá evaluar su rentabilidad.

Desde el cambio cultural, cabe la pregunta ¿qué hace el Estado para acompañar a la industria en este cambio?, ¿qué políticas hay en el fortalecimiento y desarrollo de los escritores locales, del acceso a los libros en los ambientes escolares y de formación?, ¿qué hace para mejorar la producción, la venta y el consumo de libros? Porque como lo dijo un viejo amigo, el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.

Mariela Roi.