El Penal de mujeres creció un 40%. La mayoría vivió situaciones de violencia

DERECHOS, GÉNEROS, JUSTICIA, MISIONES, SEGURIDAD, SOCIEDAD, VIOLENCIA | domingo 3 de junio de 2018


En cinco años se incrementó 40% la población en el penal de Mujeres y el delito de homicidio pasó a ser la primera causa de imputación y condena, según la Dirección de la Unidad Penal Nº 5 dependiente del Servicio Penitenciario Provincial (SPP).

La directora de la UP Nº5, alcaide inspector Teresa Angelina Mykietyn analizó, “en los últimos años hemos visto un incremento de delitos cometidos por mujeres, incluso delitos que antes no eran frecuentes en mujeres”. El anexo se inaugura en 2015 para dar respuesta a la necesidad de descomprimir las instalaciones del edificio central y para que las que esperan ser condenadas tengan este espacio físico hasta que se resuelva su situación procesal.

Tanto Mykietyn como el alcaide mayor Analía Mercado indicaron que esta tendencia sostenida hacia el aumento en el número de mujeres privadas de su libertad es motivo de análisis de todo el sistema carcelario.

“Pensamos que tiene que ver con la situación económica, hay un número mayor de internas que vienen sin mucha instrucción educativa, que vienen de familias complicadas de una historia de violencia, todos estos aspectos los abordamos para que pueda darse una reinserción social cuando tengan el cumplimiento efectivo de la condena”, dijo Mercado.

Y enumeró que el homicidio y tentativa de homicidio es la carátula más frecuente por la que son juzgadas y condenadas las mujeres. Los homicidios representan entre el 20% y 25% de las condenas, le siguen las causas federales enmarcadas en la Ley 23.737 de narcotráfico, también robos y hurtos entre otros.

“Acá hacemos un análisis muy fino de los números porque si miramos globalmente, los delitos o presuntos delitos federales que tienen que ver con el tráfico, venta, acopio de estupefacientes pueden ser mayores; pero al hacer la subdivisión por tipificación, ahí se observa bien claro que los homicidios son la primera causa de delito y posterior privación de libertad”, sostuvo Mercado.

En tanto, la directora del penal advirtió que “para estos casos de homicidios una constante es que las víctimas suelen ser hombres, novios, parejas, concubinos, y detrás suele estar una historia de violencia”.

Asimismo, los delitos contra la integridad sexual que involucran a mujeres también están en alza. “Creemos que es algo que siempre pasó pero que hoy se denuncia más, las mujeres suelen ser partícipes como facilitadoras de prostitución o entregan a sus hijas, y hay casos muy puntuales en que son las mismas mujeres las agresoras”, refirieron.

Del informe estadístico anual de la población penal con cierre al 31 de diciembre de 2017 se desprende, además, que la mayoría de las mujeres alojadas -condenadas o procesadas- tiene 21 años o más, tienen primario incompleto o completo y un número un poco menor tiene el secundario; incluso hay casos de analfabetismo.

Dentro de la cárcel son casi nulas las sanciones disciplinarias y también son contados los casos de reincidencia.

La Unidad Penal tiene alojadas a 78 internas, de ellas: 57 están en la cárcel de Miguel Lanús y 21 están albergadas en el anexo alcaidía de la Comisaría Segunda.

Trabajo y estudio

La condena social de una persona que cumple una pena impuesta por la Justicia es a veces inapelable y no termina nunca, sino que pasa esos muros infranqueables de la prisión. Es una sombra.

Para trabajar en la promoción y superación personal de las mujeres, las autoridades desarrollan un proyecto de educación motivacional y laborterapia para procurar a las internas un oficio.

Mykietyn explicó, que al tener una radiografía de las mujeres que cometen delito “desarrollamos un proyecto de inclusión social y fomento del trabajo que tenga en cuenta el contexto de estas personas que están privadas de su libertad”. Las internas pueden trabajar en huertas, el economato que es el lugar donde se administra la mercadería e insumos necesarios para la comida y el funcionamiento del penal, taller de peluche, de corte y confección, de panadería entre otros.

Asimismo, la Escuela ECE Nº 25 (Educación en Contexto de Encierro) es un pilar del proceso de superación de las internas y de nuevos aprendizajes.

La funcionaria indicó que “hay una gran diferencia entre un penal de hombres y uno de mujeres, tanto desde aspectos como la salud, la cuestión emocional, si tienen hijos con ellas que los pueden tener hasta los dos años por la lactancia, por ahora no hay niños conviviendo, pero sí los hemos tenido, por todas estas cuestiones no es igual”.

La violencia

Un estudio socioambiental de las mujeres en prisión pone a la violencia de género y familiar como una constante en el entorno de quienes terminan transgrediendo la ley. La educación para reconocer o superar relaciones que entramen violencia es uno de los ejes en las charlas y talleres. “La violencia de género está en las historias de muchas de las internas, son mujeres que crecieron en un hogar violento y luego, entablaron relación con un violento, de ahí la importancia de abordar este tema desde la educación sexual, desde el cuidado para no tener una enfermedad de transmisión sexual, la procreación responsable, el oficio para tener autonomía, las señales de la violencia, son todos aprendizajes que requieren de un equipo de especialistas como psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, hasta los docentes de la escuela, los médicos, todos”, finalizó la directora.

El Territorio (Silvia Godoy)

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