El agua. “El uso de glifosato se ha generalizado y la situación exige controles más rígidos”

AMBIENTE, SALUD | viernes 13 de abril de 2018


El ingeniero Enrique Gandolla, investigador, docente en la Universidad Nacional de Misiones e impulsor de la Red de Agua para el Desarrollo Rural, se refirió al escenario en la provincia a partir de la publicación del estudio que evidencia altos niveles de glifosato en el tramo medio e inferior del río Paraná, realizado por profesionales del Conicet en cooperación con Prefectura Naval Argentina y el Centro de Investigaciones del Medio Ambiente, que depende de la Universidad Nacional de La Plata.

La situación “es el resultado de un modo de producción, denominado agricultura sustentable, que ha naturalizado la contaminación como parte de un proceso productivo sin hacerse cargo de sus consecuencias”. El modelo (monocultivo de transgénicos con uso intensivo de glifosato) se replica en la región donde Misiones está inserta, reflexiona Gandolla, y en la misma provincia, donde la presencia del veneno se ha extendido a productores de distintos cultivos y niveles. “La mayor preocupación, a mi criterio, es el riesgo de que estén siendo contaminados  con pesticidas las aguas que son objeto de captaciones para el abastecimiento de poblaciones”. En los 67 arroyos que nacen en este territorio “se debería establecer un régimen especial y muy estricto para el uso de pesticidas, e intensificar los controles sobre otras fuentes de contaminación”, sugiere.

Aquí, la entrevista completa:

P. Hace pocas semanas salió publicado un informe del Conicet que habla de un alto nivel de contaminación en el río Paraná. Usted viene trabajando para preservar cursos de agua en Misiones desde hace mucho tiempo, e incluso han creado Red de Agua para el Desarrollo Rural ¿Qué lectura hace de esta advertencia?

Enrique Gandolla (EG) – Si, es un importante trabajo hecho por investigadores  de la Universidad de la Plata , del Conicet, de Prefectura Naval Argentina, en el cual también ha participado la Oficina Panamericana de la Salud y la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación. Tomamos contacto con uno integrantes del equipo, pedimos que nos manden antecedentes de las publicaciones, de los trabajos que hayan elaborado desde el 2004, y muy rápidamente nos respondieron y nos hicimos de copia de esos trabajos. Se pude observar un valiosísimo aporte sobre el estado de calidad de agua del río Paraná, desde el Bermejo hasta la desembocadura del río Luján en la provincia de Buenos Aires.

Si bien el trabajo al que tuvimos acceso hacía referencia al glifosato específicamente, en los trabajos que ellos vienen haciendo ponen de manifiesto que la contaminación del río Paraná es preocupante, sobre todo en los tramos medio e inferior, es decir desde las provincias de Santa Fe y Entre Ríos hacia el Sur y eso se relaciona con los mayores niveles de desarrollo industrial, con la presencia de ciudades importantes y con una agricultura intensiva, con un modelo que se autodenomina como sustentable pero que está generando estos resultados, un modelo que no se hace cargo de la contaminación que genera.

P – El estudio abarcó aguas abajo de Misiones, sin embargo es importante tenerlo presente porque, como decía Usted en algún momento, consumimos alimentos que provienen de esos lugares…

E.G. – Si. El estudio hecho por este  grupo no abracó el tramo del río Paraná desde Corrientes hacia Brasil, donde estamos nosotros, el tramo superior, pero el modelo productivo que ha llevado a esas consecuencias a esos niveles de contaminación en todo el río Paraná es el mismo modelo productivo que se ve en la región en la cual nosotros estamos, donde quizás Misiones es una isla que no participa de ese modelo de agricultura intensiva, o sea de la soja y el trigo con glifosato, pero tenemos el Paraguay y Brasil en las márgenes de los ríos Praguay y Uruguay, y en las cuencas del Iguazú, donde sí está presente este modelo.

Entonces no erraríamos si decimos que ese modelo productivo (presente en Brasil y en Paraguay) está provocando en esos ríos (Uruguay, Paraná e Iguazú) las mismas consecuencias que en el Paraná medio e inferior con aportes tributarios argentinos.

P – ¿Es un buen momento esto para repensar las políticas del Estado orientadas al agua?

 

E.G. – Siempre es un buen momento para lanzar políticas y gestiones orientadas a proteger las fuentes. Misiones tiene más de un millón de habitantes, y ese millón de habitantes depende en gran parte, al consumir agua, de los arroyos internos de la provincia, en los cuales su situación no le podemos echar la culpa a nadie. Es decir: los que están tomando agua de los ríos Uruguay, Iguazú y Paraná están tomando agua de ríos compartidos con otros países, donde la responsabilidad es compartida, pero los arroyos de Misiones son absoluta responsabilidad de los misioneros y tenemos 67 cuencas que nacen en Misiones.

Digo: Misiones quizás no participa de ese modelo de agricultura intensiva porque la producción es diferente, pero no ignoramos que el uso de pesticidas, venenos, es una práctica muy extendida, frecuente desde hace muchos años. También (sabemos) que el glifosato es un herbicida cuyo uso se ha generalizado en todo el territorio de la provincia y en todos los productores de cualquier nivel, desde el más pobre hasta el más poderoso, y eso es preocupante.

Se necesita empezar a poner un ojo sobre de qué modo estamos usando productos que pueden estar presentes en el agua que después llega a los domicilios de todos y que no sabemos qué es lo que contiene; ninguna de las plantas potabilizadoras de la provincia tiene capacidad para detectar si hay pesticidas o no en el agua, y si detectan, no hay forma de eliminarlo en la propia planta, no tienen mecanismo, proceso para eliminarlo.

Entonces, me parece que ya estamos en un momento tal de desarrollo de la provincia en el cual el control de estos productos, particularmente en cuencas que abastecen de agua potable a las poblaciones, tienen que ser muchos más rígidos, tiene que estar reglamentado, tiene que ser muy muy estricto, de forma tal de minimizar el impacto y promover modelos productivo que usen la menor cantidad posible de estos productos.

 

P – ¿Qué medidas deberían tomarse hoy para proteger a las cuencas internas de Misiones?

E.G. – Lo primero que hay que hacer es ver donde está la toma de la planta de tratamiento de agua que abastece a la población y definir la cuenca, todo el territorio que contribuye a producir agua; ver qué actividades productivas se desarrollan (si son cultivos anuales, o perennes), qué tipo de productores tenemos (si son capitalizados, qué tipo de tecnología y maquinaria usan, si hacen uso intensivo de agroquímicos). Todo eso hace a la definición de la gravedad de la situación, permite identificar el diagnóstico, saber cuáles son los problemas y dimensionar.. y esto no solamente desde el punto de vista agrícola, sino también urbano, identificar por ejemplo sitios de disposición de basura, ver por qué llega a los cursos de agua, organizar a la población y al municipio para evitar esto; ver lavaderos clandestinos, está prohibido lavar motores o maquinas en los arroyos, pero fácilmente si uno recorre la provincia ve que esto sucede, o que lavan las mochilas con la que ha fumigado.

Son todos aspectos en los que no podemos seguir haciendo la “vista gorda”, mirando para otro lado, porque aguas abajo hay alguien que puede estar usando esa agua para el consumo o para el consumo de sus animales, de su producción y es necesario ponerlo bajo control.

Lo mismo en las ciudades, son sitios donde se generan una carga altamente contaminante. Entonces la cuestión ambiental tiene que empezar a ser muy fuerte, hasta el momento son muy pocas las (ciudades) que vemos que tienen una gestión ambiental que se nota.

P – Hace muchos años que contamos los misioneros con estudios que evidencian los daños que provocan los agrotóxicos. Cuando uno habla con funcionarios públicos sobre este tema, te dicen: Hay una Ley de Agrotóxicos vigente.

E.G. – Leyes ambientales tenemos muchísimas. El problema es que esas leyes, en la mayoría de los casos, no se cumplen, o se cumplen en una mínima proporción. Está prohibido desmontar, y cuando uno recorre la ruta 17 entre Eldorado y Bernardo de Irigoyen, o la ruta 14 entre San Pedro y Bernardo de Irigoyen, lo que uno ve es un rozado al lado del otro. La ley dice una cosa, y la práctica cotidiana dice otra.

Me parece que hace falta una sinceramiento entre los objetivos de las leyes y la realidad, y acercar herramienta a los pequeños productores que son actores importantísimos para generar un modelo productivo más amigable, que incorpore estas preocupaciones efectivamente.

P – Habla de una mayor presencia del Estado, de mayor y efectivo control.

  1. G. Si, claro. O sea: definición de políticas del Estado para esos sectores donde está claro que lo que dice la Ley no se aplica y no solamente porque no se la conoce sino porque, por ejemplo, hay zona de bosques protectores pero la gente está allí, hay miles de productores que están viviendo en esos territorios que tienen esas características. Bueno, ¿qué hacer? Hay que llevarle soluciones, alternativas, llevarles un modelo diferente, que se adapte  mejor a las prácticas que hoy se realice para minimizar los impactos que se puedan estar generando; esto es: definiciones de un modelo productivo y presencia del Estado.

P – Habló, antes de la entrevista, de la cantidad de venenos que se utilizan, la superficie sembrada, y el rendimiento de la producción en Argentina.

E.G. – Si, son datos de estos investigadores. Dicen que desde 1995 hasta el 2016 el incremento de uso de pesticidas en la Argentina fue del 900 por ciento; en ese mismo período, el incremento del área sembrada  fue del 70 por ciento y el incremento de los rendimientos de la producción fue del 50 por ciento. Lo cual nos habla de que hay un uso desmesurado, nada racional, de pesticidas porque no se compadece con el crecimiento de la superficie cultivada y tampoco con los resultados; entonces hay una enorme cantidad de dinero y de contaminación que es la que revela el estudio.

 P – Con esos números, por lejos el que  más ganó fue la industria del veneno, y los más perdieron fueron los argentinos con la contaminación.

E.G. – Si, tal cual.  Hay algo que es preocupante: esta agricultura se promueve a si misma como una agricultura sustentable, que se realiza en La Pampa húmeda donde han incorporado la labranza cero para la conservación del suelo.

La labranza cero fue un gran avance, pero se hace con este paquete tecnológico que implica un uso de agrotóxicos importante y se lo vende como agricultura sustentable. Estamos ante una agricultura con la que estamos fumigando en la Argentina en el orden de más de 20 millones de hectáreas todos los años con un producto que tiene como destino eliminar toda vegetación que compita con la soja o con el maíz, o cualquier otro cultivo transgénico, destruyendo un componente importantísimo de la vegetación, que sirve de alimentación y habitad para diversas especies, que son polinizadores, que sirven para la agricultura. Son 20 millones de hectáreas que estamos fumigando con ese producto… Y que eso se promueve como agricultura sustentable… o sea en el concepto de sustentable se incorpora la eliminación de la biodiversidad…

Entonces, el concepto de sustentabilidad no tiene nada de inocente, hoy lo utilizan con cualquier contenido, cada cual le da el contenido que quiera.

Cuestiono seriamente que la agricultura con labranza cero del modelo sojero pueda ser denominada sustentable; de ninguna manera.

P – Misiones cuenta con una Secretaria de Agricultura Familiar con rango ministerial que podría abordar esta visión.

E. G. – Es un acierto muy grande que ha tenido la política provincial en los últimos años; hacia falta un área que rescate a ese sector de la población y que formule políticas específicas, propuesta vinculadas a la agroecología que es necesario promover y extender.

El trabajo que tiene esa Secretaria por delante es enorme y por mucho tiempo.

Para comprender mejor su importancia y cómo el pequeños productor fue ignorado en el Estado, hay que decir que, por ejemplo, que en los censos agropecuarios todo lo que era producción para autoconsumo no se censaba; el censista llegaba a una chacra y preguntaba si había animales y si era producción para consumo personal no entraba en el censo.. si producía y no comercializaba, no era parte del censo, por lo tanto no se podía  hacer una planificación en términos del Estado porque no había información oficial relevado por censo.

Entonces: que esta Secretaría aparezca con políticas específicas destinadas a la pequeña agricultura familiar me parece que es un cambio respecto a lo que había antes.

P – Bien, el trabajo de la Red de Agua para el Desarrollo Rural se complementa con el de Agricultura Familiar…

La Red existe desde el 2012, integrada por organismo gubernamentales y no gubernamentales que están vinculados con el agua, con la producción del ambiente, con los bienes naturales, con el desarrollo territorial, y con el desarrollo rural. Su coordinador actual es el ingeniero Ramiro Sosa, del INTA.

Para este año estamos armando un plan de trabajo para fortalecer grupos de trabajo en distintas localidades, donde la preocupación por el agua es relevante, donde se han formulado acciones… La idea es ver desde la Red qué podemos hacer para fortalecerlos en su desarrollo y en su autonomía.

Una de las acciones es realizar es la capacitación en gestión ambiental de cuencas; vamos a tratar de integrar a otros organismos en esa actividad que es sumamente necesarias, y fortalecer la capacitación en recursos humanos.

Cristina Besold / El Paranaense

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