De guardias militares yanquis y aires acondicionados

OPINION, POLÍTICA | viernes 16 de diciembre de 2016


Por Mariquita Torres

Casi nadie pudo enterarse que la Argentina acaba de firmar un acuerdo militar con los Estados Unidos, por el cual nuestro país queda bajo la órbita del United States Southern Command (Comando Sur de los Estados Unidos), que lisa y llanamente significa que los militares norteamericanos operarán en este país y tomarán decisiones con y por sobre las Fuerzas Armadas locales, en caso de considerarlo necesario, principalmente en zonas fronterizas y de desastres naturales, aunque no se descarta la actuación de fuerzas militares estadounidenses ante conflictos sociales, con el objetivo de “mantener la paz”.

Mientras se firmaba tamaña entrega de nuestra soberanía y nadie lo contaba más que como una información sin mayor trascendencia, en otra esfera de la vida cotidiana de los argentinos, alguien recordó aquel  programa de ShowMatch en 2015, del que participaron los tres principales candidatos a presidente con sus respectivas esposas: Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri.

¿Qué tendrá que ver el acuerdo militar de entrega de soberanía con aquel programa cholulo de toda cholulez? Bueno, veamos…

“Dormimos pegados”, respondió Juliana Awada a un siempre jocoso y preciso Marcelo Tinelli que la consultaba sobre cómo dormía por las noches la pareja que por entonces estaba en carrera a la presidencia de la Argentina. “¿Pero Mauricio no transpira?”, repreguntó Marcelo y la respuesta hoy adquiere una dimensión impensada: “Ese no es un problema, nosotros dormimos con aire acondicionado hasta en invierno”, confesó la ahora primera dama.

Apenas quince meses pasaron desde que la blonda Juliana contara como una picardía que el matrimonio presidencial duerme con aire acondicionado hasta en invierno.

Nada que cuestionar a la confesión de campaña electoral, apenas una anécdota cholula en un programa de TV cholulo, en un bloque de campaña que mostraba el costado cholulo de los candidatos a gobernarnos.

Por otra parte, eran tiempos de promesas para ganar. “No vamos a despedir a nadie”. “No vamos a devaluar”. “No vamos a abrir las importaciones”. “No le vamos a sacar nada a nadie”. Quién, frente a tamañas promesas tan descalificadas por los que hacían “campaña del miedo”, podía suponer siquiera que a poco de asumir prometiendo todo eso y más, los aires acondicionados a los que pudimos acceder en los últimos años serían declarados parte de “un cóctel explosivo y siniestro que inventó el gobierno anterior”?.

Casi desde que asumió, Mauricio Macri y su troupe insisten en que la “pesada herencia”, además de dejar un país en ruinas, ha dejado a esta gestión millones de argentinos con la pésima idea de que merecen vivir bien. “Le dijeron a la gente que podía vivir de esta forma eternamente”, dijo oronda la vicepresidenta Gabriela Michetti en mayo de este 2016.

Las expresiones de la vice no son casuales ni equívocas. Dijo lo que piensa ella y todo este gobierno y lo dijo brutalmente y sin ponerse colorada. Nadie en este gabinete se pone colorado ni se retracta cuando van aumentando la apuesta de expresiones que agreden violentamente la dignidad de los argentinos, la de los que no lo votaron y la de los que los votaron.

Violentan, provocan, insultan la inteligencia de la mayoría y se aprovechan de la conciencia anestesiada de muchos de sus votantes, todavía atados a la afirmación de que “se robaron todo” y por eso se devaluó, se quitaron retenciones a los agroexportadores y a las mineras, se limitaron los acuerdos paritarios a la mitad de lo que fue la inflación real del año -que duplicó la del año anterior- y ahora, por aquella misma razón de que se robaron todo, repetida durante 24 horas, los 365 días del primer año de gestión M, hay que apagar las estufas en invierno (“si están en sus casas en remera y en patas, es porque están consumiendo energía de más”) y hay que renunciar a los aires acondicionados (parte de “un cóctel explosivo y siniestro que inventó el gobierno anterior”).

Eso sí, mientras muchos apagaron las estufas en invierno y tiritaron de frio aún con cinco pulóveres, se conocía una foto de Mauricio y Juliana mirando cómodamente un partido de fútbol, en pleno invierno, ella en patas en remera de la selección nacional de mangas cortas.

Y mientras muchos están obedientemente desenchufando sus aires acondicionados a pesar de los 35 o 37 grados que se hicieron sentir por estos días en distintos puntos del país, alguien recuerda aquella ingenua respuesta de la ingenua futura primera dama, contando sin filtro que con Mauricio duermen pegados y no transpiran porque tienen el aire acondicionado prendido hasta en invierno.

El uso o no de aires acondicionados no es cuestión aislada del contexto en el que se está imponiendo un modelo de exclusión y de sumisión.

Una cosa está atada a la otra y la otra a la otra… no hay compartimentos estancos.

Que el Gobierno argentino haya firmado un convenio que autoriza el desembarco de la Guardia Militar norteamericana en suelo argentino es la expresión más aberrante de un modelo que se propone que seamos un país sometido a los designios del imperio y esclavos del poder económico concentrado tierras adentro.

Para instalar ese modelo hay que tener al menos 18% de desocupación, 55% de pobres, salarios deprimidos, escuela y salud públicas desmanteladas y aspiraciones de bienestar sepultados junto con los aires acondicionados a los que nos permitió acceder el cóctel siniestro del kirchnerismo.

Pero, además, hace falta que nos creamos que cometimos un abuso de derechos que no nos merecíamos porque somos pobres y a los pobres solo pan y agua.

Para que Estados Unidos y su recuperada iniciativa sobre Latinoamérica sean posibles hay que desaparecer (palabra brutal si las hay) toda pretensión de bienestar y derechos adquiridos. Entonces, sin derecho al pataleo, hay que renunciar a los aires acondicionados y a las estufas que consumen energía eléctrica y gas, recursos naturales nuestros que pronto dejarán de ser nuestros porque por eso se viene la guardia militar yanqui y si no queremos guerras como las de Medio Oriente mejor un pueblo sumiso que uno rebelde.

Así nomás es, si dejamos que así nomás sea.