Cómo vincularnos con nuestras mascotas

MASCOTAS, SOCIEDAD | sábado 26 de mayo de 2018


Algunos dueños creen que sus mascotas enloquecen. Porque ladran más, porque hacen pis en cualquier lado, porque no comen, porque no duermen, porque duermen mucho, porque no quieren jugar o porque rechazan los mimos. Llegan a la consulta angustiados y los médicos veterinarios apuntan más a interpretar los avisos de los animales desde su perspectiva, no desde la humana.

No son personas

“Los animales de compañía no pueden volverse locos, esa una patología humana, pero pueden confundirse. Si se altera una rutina en casa y al gato no le gusta, te lo hará entender. Hay que comprender su lenguaje y no imponerles el nuestro. Si no quiere comer o no quiere mimos, no es que me quiere menos”, explica el Doctor Juan Enrique Romero (MN. 3010), médico veterinario que aconseja asesorarse con veterinarios o adiestradores si no entendemos lo que nos quieren comunicar. “Es otro idioma y en esa diferencia está la riqueza”, dice Romero.

Rosie, una West Highland Terrier de 1 año, ladra mucho cuando se queda sola. Los vecinos del edificio se vienen quejando hace meses. “Cuando estoy en casa, la perra está siempre encima mío, es adicta a los mimos y ladra solo si estamos jugando. Según me dicen, apenas me voy empieza un concierto”.

El problema Rosie es bastante frecuente según el entrenador Leonardo Tiscornia “a los perros les cuesta mucho la separación. Ellos construyen un vínculo muy fuerte y no pueden entender que el otro se vaya. Por eso ladran, se estresan o rompen toda la casa. Es el mal de muchos perros que viven en la ciudad y que quedan solos en departamentos”. Tiscornia aconseja crear hábitos desde que son cachorros porque los perros fijan la información por repetición. Si se perpetúa en el tiempo e insisten en un tipo de estímulo que genera la conducta indeseada, será cada vez más difícil revertirla.

“La manera de querer a un perro no es igual que a un humano, la mantita que a uno le puede hacer bien, al perro no. Si bien el perro necesita ser domado y siempre está a nuestro servicio, contento de vernos, tiene necesidades diferentes”, dice el Dr. Romero

Otro lenguaje

Después de un viaje, Juliana Alaines le trajo algunos juguetes y accesorios a su perro Griego. Su Instagram fue una catarata de fotos de Griego con gorritos, botitas, collares y sweaters. Desde que el frío llegó a Buenos Aires, Juliana empezó a pasearlo con un sweater de lana y una especie de caspa en la panza del perro los llevó a la consulta con la veterinaria. Es que muchos perros son alérgicos o sus pelajes no toleran bien el roce.

La médica veterinaria Marina Verdú (MN. 8983) dice que esta moda de vestir a los perros puede hacerles daño, porque ellos tienen una capacidad de termorregulación, no tienen el mismo termómetro que un humano. “A mi consultorio llegan muchos dueños preocupados por síntomas de sus animales y lo que pasa muchas veces es que hay un exceso de amor. Les dan más atención de la necesaria o quieren humanizarlos” y cuenta que, en los casos más extremos, les dan medicamentos para humanos como ibuprofeno o les dan agua mineral.

Para el entrenador Leonardo Tiscornia no se trata de que los dueños los humanizan, si no que se vinculan del mismo modo que con seres humanos. Pero el perro tiene otro lenguaje. Por ejemplo, cuando un dueño le grita a su perro para que no cruce la calle solo o lo reta por haber hecho pis donde no debe, ese perro interpreta ese grito y esa persecución como un juego y lo más probable es que lo repita. “Nuestro trabajo como entrenadores es ser los traductores del lenguaje canino, explicarles a los dueños cómo entienden los perros, porque lo hacen de una manera muy diferente a la de los humanos”, dice Tiscornia y agrega que no todos los perros son iguales, lo que funciona para unos no funciona para otros.

Leonardo Tisconia tiene 30 años de experiencia resolviendo problemas de conducta canina

En lo que coinciden los especialistas consultados es que los animales domésticos tienen su lenguaje, su manera de ver el mundo. Aunque se adapten a nuestras rutinas, las necesidades no son las mismas que las nuestras. El Dr. Romero dice que en esa comunicación entre los animales y los humanos está la vida. (La Nación)